En documental “Frágil Equilibrio”, J. MÚJICA empieza afirmando: “El mundo vivo es una cosa frágil, hermosa (…). Así como vamos uno tiene la impresión de que vamos a una hecatombe”. El director, G. GARCÍA LÓPEZ (al cual tuvimos la suerte de conocer en el cine), contaba que le preguntaron a Mújica si creía que el documental iba propiciar algún cambio al hacer visible esta realidad que para algunos es todavía invisible. Él contestó que una película no podía cambiar nada, quienes tenemos que cambiar somos nosotros. Y así es.

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Cada uno, de un modo individual, decidimos la manera en que queremos vivir y relacionarnos con el medio. Decidimos el tiempo y el esfuerzo que queremos dedicar a cuidarnos a nosotros mismos y al medio ambiente. De la misma forma decidimos si queremos contribuir, como pequeños actores de un mundo cada vez más globalizado, a frenar la vorágine de consumismo y la debacle (o indiferencia en el mejor de los casos) humanitaria a la que — parece — peregrinamos en trance desde hace varios años.

 

Estamos de suerte porque la sostenibilidad, lo ecológico, el consumo responsable, los productos bio y el comercio justo son conceptos que ahora están de moda. Desde hace casi un año he decidido que esa es la única moda que voy a seguir. Para llevar este modo de vida responsable y sostenible, me baso en tres pilares principales: respeto al medio ambiente, cuerpo sano y consumo responsable. Por supuesto, también es importante seguir aprendiendo y mejorando hasta llegar al punto que nosotros queramos.

12En las próximas tres publicaciones voy a explicar cada uno de estos tres elementos, bajo los cuales subyace también el ahorro (entendido en sentido amplio, pero principalmente económico, para desmontar de paso el mito de que llevar una vida sana y sostenible sale más caro). M. NAÍM en “El fin del poder” explica de una forma muy clara cómo la sociedad ha ido experimentando lo que él llama “la revolución del más”: aumento demográfico, tecnológico, del consumismo y de la mundialización. No podemos parar el curso de estos cambios, pero sí podemos posicionarnos individualmente donde estemos más a gusto

Por eso, yo creo que esto no consiste en marcarse un objetivo vago, confiar en nuestra fuerza de voluntad y correr el riesgo de no cumplirlo, sino en cambiar la forma de vida. Tampoco consiste en eliminar de tu vida hábitos que disfrutas sólo porque sean “malos hábitos”. Creo fervientemente que no nos tenemos que privar de nada que nos guste y, del mismo modo, sólo deberíamos adquirir hábitos de los que realmente disfrutemos (o aprender a hacerlo). El resultado ha sido adaptar mi forma de pensar a mi forma de vivir, para ser — o intentar ser ­— plenamente consecuente.

 


PD: En la segunda foto, Cata de modelo. No podía faltar alguna referencia a ella porque es quien ha propiciado que optemos por esta nueva forma de vida y sigamos aprendiendo cada día.